viernes, 16 de octubre de 2009

CARTA A LOS GÁLATAS
Los gálatas evangelizados por Pablo durante su segundo viaje misionero, hacia el año 50, eran descendientes de los celtas o galos, un pueblo extremadamente belicoso que en el siglo III a. C. se había instalado en la meseta central de Asia Menor. La estadía de Pablo en Galacia se prolongó por algunos meses, debido a una enfermedad que lo obligó a permanecer allí hasta su curación (4. l3-l5). Fuera de esto, no conocemos otros detalles sobre la actividad del Apóstol en esa región y sobre las Iglesias allí fundadas.
Las circunstancias que motivaron la intervención de Pablo están suficientemente expresadas en la Carta. Las comunidades de Galacia habían sido perturbadas por algunos predicadores cristianos venidos de Jerusalén. Estos, erróneamente, se consideraban respaldados por Santiago, "el hermano del Señor" (1. 19), que era una de las "columnas de la Iglesia" junto con Pedro y Juan (2. 9). Según ellos, los fieles convertidos del paganismo debían someterse a la Ley de Moisés y a la práctica de la circuncisión, para llegar a ser verdaderos hijos de Abraham y herederos de las promesas divinas. Al mismo tiempo, trataban de desacreditar la persona y la autoridad apostólica de Pablo, mostrándolo en desacuerdo con los demás Apóstoles. La crisis provocada por estos "judaizantes" en Galacia es una de las expresiones típicas de la dificultad que tuvo la Iglesia para desvincularse cada vez más del Judaísmo y adquirir su fisonomía propia.
La CARTA A LOS GÁLATAS, escrita probablemente en el año 56, es uno de los más espontáneos y vehementes escritos de Pablo. Su tema central es la libertad del cristiano, llamado a recibir la salvación como un don de Dios que se alcanza por la fe en Jesucristo, y no por el sometimiento a las exigencias de la Ley. Para comprenderla debidamente, es conveniente leerla a la luz de la Carta a los Romanos, que fue escrita un tiempo después y vuelve sobre los mismos temas de una manera más completa y sistemática.
Saludo inicial
1 1 Pablo, Apóstol –no de parte de hombres ni por la mediación de un hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos– 2 y todos los hermanos que están conmigo, saludamos a las Iglesias de Galacia. 3 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, 4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo perverso, conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre, 5 a quien sea la gloria para siempre. Amén.
El único Evangelio de Cristo
6 Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio. 7 No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo. 8 Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado! 9 Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!
APOLOGÍA PERSONAL: LA AUTORIDAD APOSTÓLICA DE PABLO
Para defender la autenticidad de su misión apostólica, Pablo recuerda el llamado que recibió directamente de Dios, por medio de una revelación especial de Jesucristo cuando se dirigía a Damasco. Inmediatamente, confirma esa autenticidad, refiriendo la aprobación recibida por parte de los Apóstoles de Jerusalén. Ellos reconocieron que a Pablo le había sido confiado "el anuncio del Evangelio a los paganos", así como Pedro había recibido la misión de anunciarlo "a los judíos" (2. 7).
En último término, lo que el Apóstol defiende es la verdad del único Evangelio de Cristo, y quiere prevenir a sus destinatarios contra el riesgo de desfigurarlo. El afán de salvar "la verdad del Evangelio" (2. 14) lo lleva, incluso, a enfrentarse con Pedro. En teoría, este coincidía con aquel, pero en la práctica su forma de proceder desorientaba a los demás cristianos. Era necesario dejar bien en claro que la salvación no proviene de la Ley, sino de la fe en Jesucristo.
La elección de Pablo
10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo. 11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque 12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, 14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. 15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació 16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre 17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
Pablo en Jerusalén
18 Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. 19 No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. 20 En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento. 21 Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente, 23 sino sólo por lo que habían oído decir de mí: "El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes quería destruir". 24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.
La asamblea de Jerusalén
2 1 Al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo a Tito. 2 Lo hice en virtud de una revelación divina, y les expuse el Evangelio que predico entre los paganos, en particular a los dirigentes, para asegurarme que no corría o no había corrido en vano. 3 Pero ni siquiera Tito, que estaba conmigo y era de origen pagano, fue obligado a circuncidarse, 4 a pesar de los falsos hermanos que se habían infiltrado para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y reducirnos a la esclavitud. 5 Con todo, ni por un momento les hicimos concesiones, a fin de salvaguardar para ustedes la verdad del Evangelio.
La decisión de los Apóstoles
6 En cuanto a los dirigentes –no me interesa lo que hayan sido antes, porque Dios no hace acepción de personas– no me impusieron nada más. 7 Al contrario, aceptaron que me había sido confiado el anuncio del Evangelio a los paganos, así como fue confiado a Pedro el anuncio a los judíos. 8 Porque el que constituyó a Pedro Apóstol de los judíos, me hizo también a mí Apóstol de los paganos. 9 Por eso, Santiago, Cefas y Juan –considerados como columnas de la Iglesia– reconociendo el don que me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos. 10 Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres, lo que siempre he tratado de hacer.
El incidente de Antioquía
11 Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible. 12 En efecto, antes que llegaran algunos enviados de Santiago, él comía con los paganos, pero cuando estos llegaron, se alejó de ellos y permanecía apartado, por temor a los partidarios de la circuncisión. 13 Los demás judíos lo imitaron, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por su simulación. 14 Cuando yo vi que no procedían rectamente, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: "Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas a los paganos a que vivan como los judíos?".
El Evangelio de Pablo
15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores venidos del paganismo. 16 Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. 17 Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, 18 porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. 19 Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, 20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 21 Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.
LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE
En el relato anterior, Pablo ya había anticipado el tema central de su Carta: la justificación por la fe en Jesucristo (2. 16). Ahora aborda el tema directamente, proponiendo su célebre antítesis: o la Ley o la fe. El Apóstol afirma que entre los dos términos no hay conciliación posible. El que espera salvarse mediante la observancia de la Ley –es decir, por sus propias obras y merecimientos– está irremediablemente perdido. Nunca llegará a satisfacer plenamente "todas" las exigencias de la Ley y seguirá sometido a la esclavitud del pecado.
De esta situación de esclavitud sólo podía librarnos la gracia de Dios. "Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos" (4. 4-5). El que se une a Cristo por la fe se "reviste" de él (3. 27), es renovado interiormente por el don del Espíritu y alcanza la libertad de los hijos de Dios. Si somos hijos, ya no somos esclavos. ¿Para qué someterse de nuevo a las exigencias de la Ley, como pretendían hacerlo los gálatas? ¿No sería un retroceso y un desconocimiento total del valor de la fe? (3. 3; 4. 10-11). Pretender salvarse por medio de la Ley equivale a anular la obra redentora de Cristo (5. 2).
Llamado de atención a los gálatas
3 1 Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? 2 Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación? 3 ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne? 4 ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores? ¡Ojalá no haya sido en vano! 5 Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?
Los verdaderos hijos de Abraham
6 Es el caso de Abraham, que creyó en Dios, y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 7 Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. 8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones. 9 De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.
La Ley, fuente de maldición
10 En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley. 11 Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por la Ley, ya que el justo vivirá por la fe. 12 La Ley no depende de la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos. 13 Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo. 14 Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.
La Ley y la promesa
15 Hermanos, quiero ponerles un ejemplo de la vida cotidiana: cuando un hombre hace un testamento en debida forma, nadie puede anularlo o agregarle nada. 16 Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: "y a los descendientes", como si se tratara de muchos, sino en singular: y a tu descendencia, es decir, a Cristo. 17 Ahora bien, les digo esto: la Ley promulgada cuatrocientos treinta años después, no puede anular un testamento formalmente establecido por Dios, dejando así sin efecto la promesa. 18 Porque si la herencia se recibe en virtud de la Ley, ya no es en virtud de la promesa. Y en realidad, Dios concedió su gracia a Abraham mediante una promesa.
El papel de la Ley
19 Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Ella fue añadida para multiplicar las transgresiones, hasta que llegara el descendiente de Abraham, a quien estaba destinada la promesa; y fue promulgada por ángeles, a través de un mediador. 20 Pero no existe mediador cuando hay una sola parte, y Dios es uno solo. 21 ¿Eso quiere decir que la Ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera! Porque si hubiéramos recibido una Ley capaz de comunicar la Vida, ciertamente la justicia provendría de la Ley. 22 Pero, de hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.
El tiempo de la fe
23 Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada. 24 Así, la Ley fue nuestro preceptor hasta la llegada de Cristo, para que fuéramos justificados por la fe. 25 Y ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sometidos a un preceptor. 26 Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, 27 ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. 28 Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. 29 Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.
La filiación divina
4 1 Voy a ser más explícito: el heredero, mientras es menor de edad, aunque sea propietario de todos sus bienes, en nada se diferencia de un esclavo. 2 En efecto, hasta la edad fijada por su padre, está bajo la dependencia de sus tutores y administradores. 3 Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los elementos del mundo. 4 Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, 5 para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. 6 Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! 7 Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.
El peligro de recaer en la esclavitud de la Ley
8 Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, estaban al servicio de dioses que no lo son realmente. 9 Pero ahora, que conocen a Dios –o mejor dicho, que son conocidos por él– ¿cómo es posible que se vuelvan otra vez a esos elementos sin fuerza ni valor, para someterse nuevamente a ellos? 10 ¡Observar los días, los meses, las estaciones y los años! 11 Francamente, temo haber trabajado inútilmente por ustedes.
Reconvención afectuosa
12 Les ruego, hermanos, que se hagan semejantes a mí, como yo me hice semejante a ustedes. En realidad, no me han ofendido en nada. 13 Ya saben que fue en ocasión de una enfermedad cuando les prediqué por primera vez la Buena Noticia. 14 A pesar de que mi aspecto físico era una prueba para ustedes, no me desdeñaron ni me despreciaron; todo lo contrario, me recibieron como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. 15 ¿Dónde está la alegría que sintieron entonces? Yo mismo puedo atestiguar que, de ser posible, se habrían arrancado los ojos para dármelos. 16 ¿Y ahora me he convertido en enemigo de ustedes por decirles la verdad? 17 El interés que los otros demuestran por ustedes no es bueno: lo que quieren es separarlos de mí, para que se interesen por ellos. 18 Está bien interesarse por los demás, con tal que ese interés sea verdadero y para siempre, y no sólo cuando yo estoy entre ustedes. 19 ¡Hijos míos, por quienes estoy sufriendo nuevamente los dolores del parto hasta que Cristo sea formado en ustedes! 20 Ahora mismo desearía estar allí para hablarles de otra manera, porque ya no sé cómo proceder con ustedes.
Las dos Alianzas
21 Ustedes que quieren someterse a la Ley, díganme: ¿No entienden lo que dice la Ley? 22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, que era libre. 23 El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre, nació en virtud de la promesa. 24 Hay en todo esto un simbolismo: estas dos mujeres representan las dos Alianzas. La primera Alianza, la del monte Sinaí, que engendró un pueblo para la esclavitud, está representada por Agar, 25 porque el monte Sinaí está en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que ella con sus hijos viven en la esclavitud. 26 Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre. 27 Porque dice la Escritura: ¡Alégrate, tú que eres estéril y no das a luz; prorrumpe en gritos de alegría, tú que no conoces los dolores del parto! Porque serán más numerosos los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene marido. 28 Nosotros, hermanos, somos como Isaac, hijos de la promesa. 29 Y así como entonces el hijo nacido según la carne perseguía al hijo nacido por obra del Espíritu, así también sucede ahora. 30 Pero dice la Escritura: Echa a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no va a compartir la herencia con el hijo de la mujer libre. 31 Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre.
LA LIBERTAD CRISTIANA
La Antigua Alianza ha sido superada por Cristo. El inaugura la Nueva Alianza. La primera conduce a la "esclavitud" de la Ley. La segunda a la "libertad" del Espíritu (4. 24-26). Esa libertad es la que defiende Pablo, contra todos los que pretenden coartarla suprimiendo "el escándalo de la cruz" (5. 11). La única Ley del cristiano es "la ley del Espíritu que da la Vida" (Rom. 8. 2), y es por ese Espíritu que debemos dejarnos "conducir" si queremos vivir plenamente (5. 16).
Siempre existe el riesgo de que la libertad se convierta en "un pretexto para satisfacer los deseos carnales" (5. 13). El remedio no está en suprimirla, recayendo en la esclavitud de la Ley. Lo importante es hacer de la libertad un medio y no un fin. Cristo nos ha liberado de la "servidumbre" que nos esclaviza, pero no del "servicio" que se presta por amor. Si somos libres es para poder amar auténticamente, y sólo en el amor se realiza la verdadera libertad.
Exhortación a mantenerse en la libertad de la fe
5 1 Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. 2 Yo mismo, Pablo, les digo: si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada. 3 Les vuelvo a insistir: todos los que se circuncidan, están obligados a observar íntegramente la Ley. 4 Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia. 5 Porque a nosotros, el Espíritu nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia. 6 En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.
El escándalo de la cruz
7 ¡Ustedes andaban tan bien! ¿Quién les impidió mantenerse fieles a la verdad? 8 ¡No habrá sido a instancias de aquel que los llama! 9 "Un poco de levadura hace fermentar toda la masa". 10 Yo espero en el Señor que ustedes no cambiarán de parecer. En cuanto a aquel que los está perturbando, será castigado, sea quien sea. 11 Hermanos, si yo predicara todavía la circuncisión, no me perseguirían. ¡Pero entonces, habría terminado el escándalo de la cruz! 12 En cuanto a los agitadores, ojalá que llegaran hasta la mutilación total.
La libertad y el amor
13 Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. 14 Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.
El Espíritu y la carne
16 Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 17 Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. 18 Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. 19 Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, 20 idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones 21 y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios. 22 Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, 23 mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está de más, 24 porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos. 25 Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él. 26 No busquemos la vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.
Las exigencias del amor
6 1 Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes, los que están animados por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado. 2 Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. 3 Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada. 4 Que cada uno examine su propia conducta, y así podrá encontrar en sí mismo y no en los demás, un motivo de satisfacción. 5 Porque cada uno tiene que llevar su propia carga.
6 El que recibe la enseñanza de la Palabra, que haga participar de todos sus bienes al que lo instruye.
7 No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: 8 el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna. 9 No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. 10 Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.
La verdadera gloria del cristiano
11 ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! 12 Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. 13 Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. 14 Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. 15 Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. 16 Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios.
Despedida
17 Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús.
18 Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.
1 4. "Este mundo perverso" es el mundo presente, contrapuesto al venidero. El mundo no es intrínsecamente malo, porque ha sido creado por Dios, y todas las obras de Dios son buenas (Gn. 1. 31; 1 Tim. 4. 4). Sin embargo, a causa del pecado, quedó sometido al poder del mal, personificado en Satanás, a quien Pablo llama "el dios de este mundo" (2 Cor. 4. 4).
12. Lo que Pablo ha recibido "por revelación de Jesucristo" es su conocimiento del plan de Dios respecto de los paganos: estos han sido llamados a participar de la salvación mesiánica mediante la fe en Jesucristo.
15. Jer. 1. 5; Is. 49. 1.
16. Ver Is. 42. 6; 49. 6.
17. "Arabia" designa aquí probablemente la región que se encuentra al sur de Damasco.
2 1-2. Ver Hech. 15. 1-29.
3. "Tito", pagano convertido a la fe, que no había sido circuncidado, era como el símbolo de la libertad cristiana en medio de la asamblea. Pablo resuelve la cuestión de principio con un ejemplo decisivo: si las autoridades de Jerusalén hubieran juzgado que la circuncisión era necesaria para la salvación, Tito hubiera sido obligado a circuncidarse. Ver nota 2 Cor. 2. 13.
9. De hecho, esta división del trabajo apostólico no tuvo un carácter absoluto.
15. "Pecadores venidos del paganismo": expresión despectiva con que los judíos designaban a los paganos y que el Apóstol emplea aquí con una cierta ironía.
16. Sal. 143. 2. Ver Rom. 3. 27-30.
19. "En virtud de la Ley": al participar de la muerte de Cristo en la cruz, el cristiano "muere a la Ley", es decir, se sustrae a la "maldición" que la Ley atraía sobre el pecador (3. 13), y esto "en virtud" de la misma Ley, porque esta condenaba el pecado con la muerte. Ver nota Rom. 7.
3 6. Gn. 15. 6. Ver Rom. 4. 3.
8. Gn. 12. 3; 18. 18.
10. Deut. 27. 26. Ver Rom. 7.
11. Hab. 2. 4. Ver Rom. 1. 17; Heb. 10. 38.
12. Lev. 18. 5.
13. Deut. 21. 23. Ver Rom. 8. 3; 2 Cor. 5. 21; Col. 2. 14. Ver nota 2. 19.
16. Gn. 13. 15.
18. Pablo contrapone la "Ley" a la "promesa", para destacar la gratuidad de la "herencia" que Dios concede a los que creen en su Palabra. Si esta herencia estuviera condicionada por la observancia de la Ley, sería una recompensa a los méritos del hombre, y no un don. Dios no condiciona sus dones, sino que los concede gratuitamente, en virtud de su promesa, es decir, de una libre iniciativa de su gracia. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Ver Rom. 4. 2, 13-17.
19. Ver nota Hech. 7. 53.
20. Este versículo enfatiza nuevamente la superioridad de la "promesa" respecto de la "Ley": en la promulgación de la Ley, intervinieron los ángeles y Moisés, como mediadores entre Dios y el pueblo de Israel. En la promesa, por el contrario, no intervino ningún mediador, sino solamente Dios.
24. "Preceptor", en griego "pedagogo", no era un maestro o educador, sino el esclavo que se ocupaba de la disciplina de los niños y los llevaba a la escuela.
28. Ver Col. 3. 11.
4 3. En la concepción de los antiguos, "los elementos del mundo" eran probablemente los astros, cuyo curso regulaba el ciclo de las fiestas religiosas del Judaísmo, y los ángeles que los gobernaban. Ver Col. 2. 8.
4. Se trata del "tiempo establecido" por Dios para dar cumplimiento a su promesa de salvación. Ver nota Mc. 1. 15.
10. Alusión al sábado y a las fiestas, cuya observancia estaba impuesta por la Ley de la Antigua Alianza.
13. Esa enfermedad obligó a Pablo a prolongar su estadía entre los gálatas y le dio ocasión para anunciarles el Evangelio. Ver nota 2 Cor. 12. 7.
18. Resulta difícil determinar el sentido exacto de este versículo. Probablemente, Pablo reprocha a los gálatas su inconstancia en el afecto hacia él.
22. Ver Gn. 16. 15; 21. 2-3.
24-25. "Agar", la esclava de Abraham (Gn. 16. 1), es la madre de Ismael, el padre de los árabes; y el "monte Sinaí", donde fue promulgada la Antigua Alianza, está en "Arabia". Esto da lugar al Apóstol para interpretar alegóricamente un episodio de la historia bíblica, haciendo de Agar un símbolo de la Antigua Alianza.
27. Is. 54. 1.
30. Gn. 21. 10.
5 12. Como los judaizantes exigían que los gálatas convertidos del paganismo recibieran la circuncisión, Pablo alude irónicamente a la castración ritual practicada por los sacerdotes de la diosa Cibeles.
13. Ver Sant. 2. 12; 1 Ped. 2. 16.
14. Lev. 19. 18. Ver Mt. 22. 34-40; Rom. 13. 9; Sant. 2. 8.
6 16. "El Israel de Dios" es el Pueblo cristiano, el nuevo Israel. Ver Rom. 4. 13-17.
17. Estas "cicatrices" se deben a los malos tratos recibidos por el Apóstol a causa de su fidelidad a Cristo. Ver 2 Cor. 6. 4-5; 11. 23-25.

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